Llegué a Siem Reap el primero de enero de 2018, el día después de año nuevo. Habíamos llegado tarde desde Ho Chi Minh y lo único que queríamos era comer algo y dormir. Al día siguiente entendí por qué Camboya aparece en todas las listas de lugares que hay que ver al menos una vez en la vida.
Angkor Wat: el reflejo que no necesita filtro
Angkor Wat fue construido entre los años 1113 y 1150. Es el monumento religioso más grande del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad, originalmente hinduista y con el tiempo convertido en templo budista. Fuimos en la mañana, y lo que más me impactó no fue la estructura en sí — aunque es impresionante — sino el reflejo del templo en el lago que lo rodea. Ver esas cinco torres de loto duplicadas en el agua quieta de la mañana es una de esas imágenes que no necesitan edición. Son así.
Bayon: 216 caras mirándote desde todos lados
A pocos kilómetros está el Templo Bayon, construido alrededor del año 1190. Su nombre significa "amuleto". Lo que lo hace único son sus 54 torres, cada una con cuatro caras de Buda talladas en piedra — 216 caras en total mirando en todas las direcciones. Caminar entre esas torres y sentirte observada desde todos los ángulos es una experiencia extraña y fascinante que no se parece a nada que hayas visto antes.
Ta Prohm: cuando la selva se apodera de la historia
Ta Prohm es el más cinematográfico de los tres. Si te resulta familiar es porque fue escenario de Tomb Raider. Sus constructores lo dejaron tal como fue redescubierto en el siglo XIX: con árboles gigantes creciendo encima de los muros y raíces del grosor de una persona abrazando columnas de piedra. La luz que entra filtrada entre los árboles hace que el lugar parezca de otra dimensión.
El pueblo flotante: la experiencia más humana del viaje
Antes de ir al lago Tonlé Sap, pasamos por el mercado a comprar 25 kilos de arroz para donar a la escuela flotante, donde estudian niños sin familia y de escasos recursos. El pueblo flotante es una comunidad que tiene todo — casas, escuela, tienda, iglesia — construido sobre el agua. No entramos a la escuela, pero el solo hecho de verlo en persona fue impactante. Si no estás ahí, es casi imposible imaginar que esa realidad existe.
Pubs Street: los masajes de peces y lo impensable
La noche en Siem Reap pasa por Pubs Street — una calle peatonal llena de bares y restaurantes donde conviven viajeros de todo el mundo. Nos hicimos los masajes de peces: metes los pies en una pecera y los peces se comen las células muertas de la piel. La sensación es rara los primeros segundos y después se vuelve casi relajante.
Pero lo que más nos impresionó fueron los vendedores afuera ofreciendo cucarachas, arañas, grillos y otros insectos a la parrilla. Es lo más lejos que hemos estado de nuestra zona de confort culinaria — y lo más cerca de entender que la cultura y la comida siempre van de la mano.
Este post es parte de mi diario de viaje por el sudeste asiático: 44 días, 10 países y el viaje que me cambió la perspectiva de lo que significa viajar.

